¿Experiencia o juventud? La clásica paradoja
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Una mañana vas al trabajo y recibes una ingrata noticia, por reducción de personal dejas de laborar en la empresa a la que le has dedicado los mejores años de tu vida. En esos momentos tratas de pensar positivo y te repites (y tratas de convencerte) que por fin vas a descansar; ya que por todo lo que has aportado mereces el descanso de los campeones. Sin embargo, la crisis hace que te preocupes más por ahorrar que por disfrutar.
En búsqueda de una solución revisas el periódico un fin de semana y hallas en los clasificados un trabajo acorde a tus capacidades; tratas de apuntar los datos de contacto pero te topas con el clásico filtro, el rango de edad: “personal no mayor de 40 años o a partir de los 28 años”. Esta situación clásica en todos los países e idiomas nos parece muy contradictoria: A mayor tiempo laborando equivale a más experiencia y por supuesto más edad.
Desde nuestra perspectiva, debería bastar todos los conocimientos adquiridos para ocupar uno de los mejores cargos en cualquier empresa a la que postulemos; pero la realidad es otra: a menor edad, el futuro empleado va a ser más enérgico en el momento de dar a conocer sus capacidades, sus ideas van a ser innovadoras y sobretodo (en la mayoría de casos) no poseen problemas familiares. La necesidad de surgir y del éxito es el motor que impulsa a los jóvenes.
A lo largo del mundo, las cifras de desempleo o discriminación por edad varían según el contexto económico y social. La mayoría de empresas establece un perfil ideal de edad en los trabajadores en base a su rendimiento y experiencia: de 28 a 35 años se alcanza la madurez laboral, la experiencia básica y el rendimiento físico/mental.
Otro factor importante para los empleadores es que a mayor el tiempo de práctica profesional el sueldo deseado aumenta. Aquí se pone en una balanza los intereses económicos de la empresa y la necesidad de profesionales de calidad. Les resulta mucho mejor contratar a dos o tres jóvenes con un sueldo bajo que a un profesional capacitado cuyas intensiones salariales van más allá de “las posibilidades de los jefes”.
Finalmente, hay que destacar que en el mundo laboral no todo es desventaja para las personas mayores. Un joven que ha egresado de la universidad con los primeros puestos y con una gran preparación (posgrado, magister) la suerte no le sonreirá de inmediato. El motivo es que carece de experiencia. Sin embargo, sale a la luz un último recurso que es su corta edad. Basta conseguir un puesto de trabajo temporal aceptando como condición un sueldo mínimo y listo. “Todo sea por mejorar rápido y en corto tiempo”, es la manera de pensar más sencilla; pero esto sólo alimenta el círculo vicioso que perjudica a los profesionales con experiencia y a los jóvenes inexpertos.
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